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Orlando Santiesteban, un “bicho” raro en el concejo PDF Print
Written by Edgar Artunduaga   
Wednesday, 20 October 2010 22:15

Su presencia en el Polo Democrático es absurda, contradictoria. Es un godo infiltrado en un partido de izquierda, admirador y seguidor del presidente Uribe.

Enemigo de nuevos derechos para los homosexuales (dice que ya tienen demasiados). Y aburrido en la política, actividad que considera “menor”, en la que es imposible cultivarse.

Los electores, dice, son –en su gran mayoría- extorsionistas. Son expertos en poner conejo y en hablar mal de los políticos. Creen que todos son corruptos y ladrones. Tienen doble moral. Todos, políticos y electores, han prostituido esta actividad.

Está dispuesto a irse rápido, cansado de hacerle favores y favorcitos a sus seguidores. “Contrario a lo que muchos piensan, la política no es mi pasión. Me resulta fácil retirarme.”

Es un niño diferente (algo físicamente). No predica ni tiene discurso de izquierda. Es un colado en el Polo. Incómodo porque tuvo que pagarle el almuerzo a miles de personas para votar, “como si ese día no tuvieran que almorzar en sus casas”.

-El 80 por ciento de mi tiempo lo absorbe el hacer favores a la gente. Eso es politiquería barata. Atiendo a por lo menos 50 personas a la semana. No le encuentro sentido a esto. No entiendo cómo estaba yo atendiendo reuniones, mientras mi papá era sometido a una cirugía de alto riesgo del corazón.

 

Santiesteban parece estar en el lugar equivocado. Es licenciado en Ciencias sociales de la Universidad de la Sabana, Doctor en Derecho y Ciencias políticas de la Universidad Santo Tomas, Especializado en derecho penal y criminología de la Universidad Libre, postgrado en ética y valores de la Universidad Minuto de Dios y diplomado en desarrollo social en Taiwán.

Quiere ser granjero, sembrar el campo. Desea reconciliarse con la naturaleza, compenetrarse con ella. Irse a una finca, cuidar los ríos, sembrar árboles. Eleva los ojos al cielo para decir: “Mientras más cerca se esté a la naturaleza, más se llega a la grandeza”.

Sus padres, boyacenses, tuvieron la genial –e insólita- idea de montar un establecimiento educativo en Bogotá que llamaron “Colegio Mayor de Inglaterra”. Mucha gente creyó que se trataba de una institución regentada por ingleses y matricularon a sus hijos. Ahí empezó toda la familia un próspero negocio.

El concejal Santiesteban fue edil de Suba, ente 1998 y 2000. Se lanzó luego al Senado y perdió. Fue entonces –elecciones de 2003- segundo renglón de Raúl Rueda Maldonado, quien ganó la curul y le dio una palomita en el Congreso.

Sorpresivamente, teniendo todos los rasgos de conservador (actitudes, comportamientos, estudios en el exterior por cuenta de ese partido, toda la familia), apareció un día en el Polo Democrático, como aspirante al concejo de Bogotá. ¡Y ganó!.

El más tímido de su facultad, el que no pronunciaba palabra, el que se moría del susto cuando respondía una sola pregunta, el godo, el que odiaba la política resultó dizque en la izquierda, al lado de Petro y Gaviria.

De la manera más insolidaria y torpe, Santiesteban determinó con su voto negativo el hundimiento del proyecto que en el Concejo de Bogotá establecía igualdad de derechos para lesbianas y homosexuales.

-Enterrar ese proyecto me llenó el corazón. Yo no veo a los homosexuales como una población vulnerable. Todo lo contrario. Me parece que tienen demasiado. No hay para qué legislar a favor de ellos.

Santiesteban admite que tuvo un pie afuera del Polo Democrático. Los  caciques de su partido querían arrojarlo a los lobos. -Pero me gané la simpatía de la Iglesia Católica, de las iglesias cristianas. Oraban por mí. Me encomendaron a Dios, me dieron su voto. Me ayudaron a dar la sorpresa de mi reelección.

 

El cuento de Santiesteban es el medio ambiente. Dice que el discurso del ex vicepresidente Al Gore de Estados Unidos se parece al suyo (no al revés). Con una diferencia respecto al gringo: que éste no toca guitarra, ni canta como sí lo hace él.

Escuché sus canciones. Le pedí que no se parara en el escritorio, aunque insistió. Tampoco le permití instalar el pequeño equipo de sonido, al estilo de los serenateros de Chapinero en Bogotá.

El himno de los maestros es patético: “El maestro, siempre sonriendo va, soñando con la libertad…”.Y “la canción verde” no es menos cursi: “Todo destruyen, están acabando mi tierra buena”.

Pero es un buen tipo. Y se tiene mucha confianza: -“A donde voy, la gente se estremece con mis conferencias. He visto gente llorando….”.

 

 

 

 

 

 

Last Updated on Thursday, 21 October 2010 21:25
 


Edited: Giovanni Alarcon Moreno
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